CAPÍTULO 4


Con las miradas enganchadas, Marilyn y Kal-El no se dan cuenta que son el centro de atención de los viandantes que aplauden al súper héroe.

Superman sonríe a la rubia que imita su gesto. El kriptoniano la toma en brazos y en el instante que él se eleva en el aire, ella se asusta sujetándose bien a su cuello. La actriz no entiende que es lo que sucede ¿por qué ese hombre tan hermoso puede surcar el cielo como quién camina por la calle?

Minutos después, el kryptonianio aterriza con ella en un lugar seguro.

—No debería volver a cruzar la carretera de esa forma. —les aconseja el hijo de Jor-El con su característica y varonil voz. —Es peligroso. —asegura el extraterrestre comenzando a marcharse.
—Aunque en realidad fue su buen corazón el que la puso en situación de peligro. —responde él girándose por un instante. —Cuídese. —dice él antes de emprender de nuevo el vuelo.

La chica sigue el vuelo de Superman con la mirada.

—¿De dónde saliste que puedes surcar el cielo volando como si fueras un ángel? —dice ella en voz baja. —¿Quién eres, hombre hermoso? —comenta embelesada por los momentos vividos junto al habitante de Krypton. —Tengo que volver a casa, pero ¿cómo voy a hacerlo si ni siquiera sé donde estoy. —comenta cuando su rescatador ya está lejos de allí.

En Smallville, Clark Kent visita las tumbas de sus padres. Aquel matrimonio que le acogió cuando llegó a a aquel pueblo procedente de un lugar tan lejano y que ya eran una pareja de mediana edad en el momento que decidieron hacerse cargo de él. Fue la insistencia de Martha Kent la que consiguió que ese hermoso niño de pelo negro y ojos de un azul intenso que llegó al pueblo de manera tan poco convencional, se quedara con ellos. Desde ese mismo instante, el matrimonio se convirtió en los padres de aquel huérfano venido de una lejana galaxia, que a pesar de ser apenas un niño, no era un ser indefenso, ni mucho menos.

Lo que podía hacer no dejaba de sorprender a sus nuevos padres, que lejos de rechazarlo por temor a sus poderes, le acogieron con todo el amor que tenían y que por desgracia no habían podido entregar a un hijo biológico.

Eso nunca importó, jamás le trataron de forma distinta a como lo hubieran hecho si hubiese sido sangre de su sangre. Padres son los que crían, aman, educan, los que se desvelan por las noches cuando sus hijos están enfermos, los que se sacrifican por ellos y que incluso renuncian a un capricho o un lujo bien merecidos por sus vástagos.

Ser padre es amar, no engendrar. Y son esos los verdaderos padres de un ser humano. Da igual si lo han engendrado o no.

Ellos son sus verdaderos padres y Clark Kent no habría podido encontrar unos padres mejores que el matrimonio.

—Padre, Madre. Os extraño tanto... Mi padre biológico me proporcionó conocimientos ilimitados, pero si soy el hombre, la persona que soy es gracias a lo que vosotros me habéis inculcado. Gracias a vosotros aprendí cuales son las cosas más importantes de la vida. Gracias a ello tengo valores. Cogisteis mi mano para mostrarme el camino correcto. Me enseñasteis a ser humano sin ser uno de ellos. —se lamenta el joven y tímido periodista.

Segundos después, el joven cree escuchar la voz de su progenitor terráqueo saliendo de su tumba.

—Clark. Eres humano, eso no lo dudes nunca. Eres mucho más humano que algunas de las personas que han nacido en este planeta. La humanidad no es cuestión del lugar de nacimiento, ni de la clase social. La humanidad se lleva en el corazón y en el alma. Y a ti, si hay algo que te sobra en el corazón y el alma, es humanidad, bondad, y humildad. No son tus poderes los que te hacen especial, sino el uso que haces de ellos para el bien.

—¿De qué me sirvieron mis poderes? Tanto que puedo hacer con ellos y no sirvieron para salvar a Lois. —se lamenta el muchacho limpiando las lágrimas que resbalan por uno de sus ojos.

—Cariño, haces todo lo que está en tu mano, pero no podrás salvar a todo el mundo. Hay cosas que, sencillamente, escapan a tu control. —le dice en esta ocasión su madre desde la tumba. —La vida es dura y muchas veces injusta con las personas.

—Mi padre biológico, Jor-El me advirtió que no me inmiscuyera en la vida de los hombres y no le hice caso. —se lamenta el joven periodista.

—Hijo, merece la pena sentir y ser feliz, aunque sea por un instante y sufrir durante un tiempo, que no haber sentido nunca. Eso es lo que nos hace humanos. A veces la vida ofrece una segunda oportunidad. —le asegura la dulce Martha.

Minutos después, el joven abandona el camposanto, en dirección a la granja familiar en la que vivió tantos años y en la que fue tan feliz.

En la ciudad de Metrópolis, Marilyn vaga sin rumbo por las calles. No sabe donde está, ni como ha llegado hasta allí. Ella huía de la difunta esposa de aquel productor que la amenazaba con un cuchillo, corría para escapar de ella. Atravesaron una carretera sin darse cuenta y un coche atropelló a esa enloquecida mujer, matándola casi en el acto.
A pesar que la dama trató de acabar con su vida, la artista no pudo evitar acudir en su ayuda, su corazón se lo pedía aún a riesgo de exponer su propia vida al peligro.

Pero esa mujer estaba agonizando y habría sido muy inhumano no apiadarse de ella. Además le pidió perdón porque se dio cuenta que la actriz no era una mala mujer, sino todo lo contrario. Así pues aquella que había tratado de arrebatarle la vida a Marilyn Monroe, pagó por ello con su propia vida y exhaló su último suspiro en brazos de la persona que había tratado de asesinar.

Y cuando la mujer de cabello rubio estaba más distraída, un coche se acercó a ella a gran velocidad. Pensó que esta vez si sería su fin y que acabaría sus días reventada por un coche en una carretera cualquiera. Ni siquiera podrían mostrar su cadáver, pues quedaría en muy malas condiciones.

Y llegó él, no sabe de dónde, y se puso delante del vehículo impidiendo que este se estrellara contra su cuerpo. Un cuerpo que los hombres desean y las mujeres envidian. Ese magnífico hombre, valiente, poderoso e increíblemente hermoso, le salvó la vida y luego se elevó con ella en el aire.
La rubia no comprende, ni entiende quien es ese hombre, pero ansía volver a verlo y contemplar, una vez más, sus ojos de un azul tan intenso y perderse en su mirada.

Lejos de allí, Lex Luthor, uno de los más acérrimos enemigos del súper héroe, vuelve a escapar por enésima vez de la cárcel y planea intentar acabar de nuevo con quien para él, se ha convertido en un estorbo en sus deseos de dominar y gobernar el mundo; Superman. Ha estado a punto lograrlo en alguna que otra ocasión, aunque el hijo de Jor-El siempre lograba salvarse.

Sin embargo, esta vez será la definitiva. La kryptonita acabará con él de una vez por todas y al fin el planeta Tierra perderá a su héroe quedando a merced de villanos como él.

Es tan aburrido ser bueno...

Las leyes están para violarlas y más si con eso logras tus fines.

Superman acude una vez más a un rescate. Esta vez en un solitario callejón donde al parecer un anciano está siendo asaltado por unos delincuentes. Se presenta allí veloz como un rayo y tras deshacerse de los delincuentes, se dirige al anciano para comprobar si se encuentra bien.

—Hola Superman. Como siempre eres tan previsible...
Es tan fácil tenderte una trampa... —dice el anciano dejando de fingir.

En ese momento, el criminal se despoja de su disfraz.

—Debí imaginar que alguien como tú, Lex Luthor, usaría un truco para engañarme.

—¿Qué puedo decir? Soy un tipo inteligente. Y seré famoso por acabar con Superman. —dice el delincuente aprovechando un momento de distracción del muchacho y colocándole al cuello un cadena con un gran trozo de kryptonita verde al cuello. —El famoso y gran Superman morirá solo y abandonado en un solitario callejón de Metrópolis. —asegura el famoso y malvado individuo soltando una sonora carcajada instantes más tarde, encendiendo un puro delante del hijo de Jor-El y echándole el humo en la cara.

Luego ata las manos del héroe para que Kal-El no pueda desatarse y se va.

—Hasta siempre, Superman.

El súper héroe, cada vez más débil, intenta desatarse sin éxito.

En ese momento, la cantante, que sigue deambulando por las calles sin saber donde ir, ni como volver a su casa, ve a alguien tumbado en el suelo.

Una vez más, su buen corazón la hace acudir en ayuda de otra persona y con cautela se aproxima en dirección al bulto que divisa a unos metros de ella. Cuando se da cuenta de quien es la persona que está en apuros corre a atenderla.
Es él, el hermoso hombre que apenas hace un rato salvó su vida y que ahora, al parecer, se encuentra en apuros.

—¿En qué puedo ayudarte? —pregunta ella acariciando su cara.

Él, casi sin fuerzas le indica a la rubia que le desate las manos, pero las cuerdas están demasiado apretadas y a la rubia le resulta imposible romperlas. Cerca de ella ve un pequeño trozo de cristal, lo toma y después de unos minutos insistiendo lograr cortar las cuerdas que tenían prisionero al súper héroe.

La chica se fija en el trozo de meteorito que Superman lleva al cuello y llevada por su instinto se lo quita. En cuanto lo hace, Kal-El comienza a sentirse mejor.

Ella no puede evitar mirar la kryptonita cuando la tiene en sus manos.

—¡Aléjala de mi, por favor! —le pide él.

La mujer la tira a una alcantarilla cercana y poco después el joven comienza a recuperarse de manera rápida y sorprendente.

—Gracias. —responde él acariciando la cara de Marilyn con ternura.

Ella sonríe al sentir la mano de ese hombre sobre su mejilla.

Comentarios