—Señor White, ¿cuál es su decisión? ¿le dará una oportunidad? —pregunta el hombre de Krypton a ese individuo que tan bien conoce.
Después de unos segundos dubitativo el periodista da una respuesta.
—De acuerdo. Vamos a darle una oportunidad a la señorita que trabajará para mi como secretaria. ¿Cuándo estás dispuesta a empezar? —pregunta el redactor jefe del diario.
—Cuando usted quiera, señor White. —responde la rubia.
—La espero aquí mañana a las ocho en punto de la mañana. Vaya y descanse. Mañana será un día de mucho trabajo.
—Muchas gracias, señor White. —responde la actriz estrechando la mano a su nuevo jefe.
¿Quién lo diría? La mismísima Marilyn Monroe trabajando de secretaria del redactor jefe de un periódico.
Los periódicos, la prensa, esos que tanto daño le hicieron, que tanto mintieron sobre ella.
¡Qué paradojas tiene la vida!
Lejos de allí, Lex Luthor brinda con la mujer con la que ahora sale por la "muerte de Superman".
Después de romances intermitentes con varias mujeres, el criminal parece haber encontrado a su alma gemela, una dama hermosa y atractiva de su misma edad y que, al igual que él, actúa fuera de la ley. Además tienen algo más en común; su desprecio por Kal-el. En ella es mucho más evidente que en el caso de su pareja dado que el hijo de Jor-El la desenmascaró ante el mundo consiguiendo que fuera a prisión y su empresa de turbios negocios fuera desintegrada.
A pesar que ella acusó al súper héroe de ser un hombre machista que la difamaba por su género, nada más lejos de la realidad. En verdad, fue la ya fallecida Lois Lane la que aportó las pruebas reales necesarias que llevó a un tribunal. Tras la celebración de un juicio la criminal fue enviada a la cárcel. Cárcel de la que escapó con la inestimable ayuda de Lex Luthor que se confesaba admirador de la dama de la nobleza por su carencia de escrúpulos y su visceral odio a Superman.
El millonario, a su vez, se había fugado por enésima vez de la prisión en la que le encerraron gracias, una vez más, al superviviente del planeta Krypton, y no dudó en salir en ayuda de la mujer. Era igual que él y por si fuera poco era hermosa.
Cuando el encargado de liberarla la llevó al lugar en el que Lex la esperaba la criminal no entendía, ni quien la había ayudado a escapar de la cárcel, ni porque. El millonario le confesó su admiración y le explicó el motivo por que la había ayudado a fugarse de prisión, ella sonrío. Además de su odio por Superman, la atracción entre ambos fue instantánea y desde entonces se han vuelto inseparables. Incluso planean casarse pero quieren que eso sea con el cadáver del súper héroe aún caliente y una foto ampliada del cuerpo sin vida del chico del extinto planeta.
–¡Al fin ese extraterrestre es historia! —exclama Sarah Matthews con una radiante sonrisa en su rostro. —Eres mi héroe, Lex. —le dice dándole un piquito en los labios a su pareja.
—Soy un tipo inteligente, esta vez me aseguré que no hubiera nadie alrededor que pudiera auxiliarle y le puse mi regalo especial en el cuello. Enseguida veremos la noticia de su muerte junto a la foto de sus restos mortales en todos los periódicos. —se sincera el millonario.
Ambos se ríen a carcajadas esperando esa noticia brindando de nuevo por el fallecimiento de Kal-El.
Superman y Marilyn salen de la redacción del periódico sin dejar de atraer las miradas de los trabajadores del diario y luego de los viandantes.
—No sé como voy a agradecerte todo lo has hecho por mi. —se sincera la rubia cuando ambos están a solas.
—No te preocupes, vine a este mundo a ayudar a la gente que lo necesita. —responde él.
—Eso es muy noble por tu parte pero tienes que cuidarte. No todo el mundo es así y siempre existirá gente que desee hacer daño a los demás por el simple placer de hacerlo o por ganar dinero. —se lamenta la hermosa mujer. —Los delincuentes no deben quererte demasiado.
—Tomaré precauciones, además teniendo un ángel de la guarda tan especial.... —responde el hijo de Jor-El mirándola a los ojos, —con más razón. Ahora he de dejarte, estaré pendiente de ti. Enviaré a alguien para que te siga ayudando. —le explica él elevándose en el aire instantes más tarde mientras ella le ve alejarse de allí.
Apenas unos minutos después alguien aparece encaminándose hacia la actriz, que distraída pensando en su segundo encuentro con el chico de pelo negro, se sobresalta al ver a la persona que se aproxima en su dirección.
—Disculpe señorita, no pretendía asustarla. Me envía Superman para ayudarla. —le confiesa el joven y algo torpe hombre.
—¿Y usted es..? —interroga la artista escudriñándole con la mirada.
—Clark Kent, periodista del Daily Planet. —responde él con torpeza
—¿Periodista? —pregunta Norma Jean sin poder evitar una mueca de disgusto en su bonito rostro.
No obstante los "periodistas" han dicho y dicen muchas falsedades sobre ella y otros artistas. A buen seguro que en el futuro y con los años lo seguirán haciendo porque ganan mucho dinero con sus mentiras. Se olvidaron de los escrúpulos a cambio de dinero.
La rubia sabe que es, cuando menos contradictorio, que piense mal de los reporteros teniendo en cuenta que al día siguiente va a entrar a trabajar en un periódico como secretaria del redactor jefe del diario que es quien decide que se publica y como.
La animadversión de la actriz por los que se dedican a esa profesión es muy anterior a su incorporación al Daily Planet. Además no podía hacerle eso a ese hombre tan hermoso que le salvó la vida y que ha intercedido por ella para conseguirle un empleo, empleo que dicho sea de paso, necesita hasta que sepa como ha llegado hasta allí y como regresar.
Ese ser es como un ángel entre tanta oscuridad como hay en el mundo. Un hombre increíblemente guapo, altísimo, fornido, de cabello negro intenso y los ojos azules más increíbles que ha visto jamás. Todo eso acompañado de una sonrisa traviesa con cierto toque pícaro.
Ha visto hombres hermosos a lo largo de su vida, en Hollywood hay varios de ellos, sin embargo este los supera a todos ellos.
Al igual que le sucedía a Lois Lane cuando pensaba o recordaba a Superman, Norma se muestra distraída ignorando a la persona que tiene al lado.
Al contrario de lo que la gente pueda pensar no es su gran atractivo lo que más impresiona de él, aunque su imponente apariencia es más que evidente, sino su entrega hacia los demás y salvar tantas vidas. Eso a pesar de tener conocimiento sobre los planes de destruirlo que tienen en mente muchos delincuentes del mundo, en especial los que viven en los Estados Unidos, el país en el que se crió desde su llegada a la tierra procedente de Smallville.
—Señorita, ¿se encuentra usted bien? —pregunta el compañero de la fallecida Lois.
—¿Eh? Sí sí. —contesta ella en ese momento saliendo de su ensimismamiento.
—Como le expliqué antes, me envía Superman para que la ayude —dice el hijo de Martha Kent.
—¿Y cómo os conocistéis? —se interesa la artista.
—Ambos llegamos a Metrópolis el mismo día, eso nos unió. Fue por pura casualidad. —responde el periodista. —Eso ahora no es importante. —contesta él algo nervioso. —Ahora acompáñame, tenemos que buscarte alojamiento. —dice el periodista mientras ambos transitan por las calles de Metrópolis.
—Pero yo... yo, no tengo dinero. —se sincera ella.
Ciertamente es así, ya que salió huyendo de su propio hogar para salvar su vida, ni siquiera sabe como llegó hasta allá. Salió apenas con lo puesto, trataba de escapar de su agresora y en lo que menos pensaba era en tomar su monedero. Aunque eso claro está, no puede contárselo a nadie. La tacharían de loca si dijera que ella es Marilyn Monroe y que hasta hace apenas unas horas se hallaba en el año mil novecientos cincuenta y cinco y que sin saber como apareció junto a la mujer que pretendía asesinarla treinta años después.
Definitivamente no, eso no puede contárselo a nadie y hasta que sepa como regresar a casa tendrá que inventarse una vida, un pasado.
—Y tampoco sé dónde ir. —se sincera la cantante.
—No se preocupe por eso y venga conmigo, creo que tengo el sitio ideal para usted señorita. —le propone Clark con el rostro algo sombrío.
El joven reportero para un taxi con la mano e invita a subir a la hermosa mujer al automóvil haciendo él lo mismo minutos más tarde.
Después de un trayecto de una media hora, Kent hace detenerse al conductor del vehículo, saca dinero del bolsillo de pantalón crema de su traje y paga la carrera al taxista que no puede apartar los ojos de la imponente rubia.
Aunque la artista no lo sabe el chófer del coche es fan suyo desde la adolescencia y guarda desde entonces con mucho cariño y devoción fotos y artículos relacionados con ella. Inclusive su propia esposa guarda cierta semejanza física con la actriz.
El hombre está muy sorprendido por el asombroso parecido de esa mujer con el mito erótico más famoso de Hollywood de los años cincuenta.
La pareja desciende del taxi comenzando a caminar una vez más por las calles de Metrópolis durante unos cinco minutos, tras los cuales el reportero para frente a un edificio de apartamentos. El hombre suspira con cierta tristeza e invita a la nueva habitante de la ciudad a subir con él al edificio, toman el ascensor y el hijo del matrimonio Kent aprieta el botón que conduce al ático de aquel hermoso y algo lujoso edificio. Al llegar abre la puerta, ambos salen del ascensor. Se detenienen frente a la puerta del apartamento del ático, momento que él aprovecha para sacar unas llaves del bolsillo interior de su chaqueta con las que abre la puerta, pasando después ambos a su interior.
Cuando el periodista se encuentra de nuevo en el interior del lugar, la tristeza y la melancolía le invaden por unos minutos.
—¡Qué lugar tan hermoso! —exclama la rubia mirando a su alrededor.
Aquel espacio, de reducido tamaño comparado con su casa, es precioso, además al parecer su anterior habitante debía ser una mujer, los tonos pastel del lugar y el exquisito pero sutil perfume femenino así lo indican.
La actriz se aproxima a una pequeña mesa de cristal junto al sofá de color crema de la estancia y toma una fotografía con marco plateado entre sus manos.
—Es una mujer muy bonita, ¿Quién es? —pregunta Marilyn al periodista mirándole por unos segundos para después volver su vista sobre la instantánea.
—Lois Lane, la mujer que vivía en este apartamento. —se sincera Clark con tristeza.
—¿Vivía? ¿Se mudó a otro sitio? Es un apartamento hermoso. —responde la actriz sin dejar de mirar la foto de la fallecida periodista.
—Ella.... murió. —se lamenta apesadumbrado el reportero mientras un par de lágrimas resbalan por sus mejillas.
—Vaya, lo siento. —responde ella mirando a Clark Kent. —Tú sentías algo por ella, ¿verdad?
El silencio del antiguo compañero de la desaparecida reportera da a Marilyn la confirmación a su pregunta.
—¿Y por qué me has traído hasta aquí? —desea saber la protagonista de Los Caballeros Las Prefieren Rubias.
—Para que te alojes aquí si quieres. Está deshabitado desde el fallecimiento de Lois. —le explica el hombre.
—No me importaría, es más me encantaría vivir aquí, pero no tengo como pagarlo, acabo de llegar a esta ciudad. —se sincera ella. —Mañana empiezo a trabajar hasta que no cobre no puedo pagar esto que además debe ser algo caro.
—Eso no es problema. Si aceptas quedarte aquí tendrás el primer mes pagado. En la ciudad está todo ocupado, este es uno de los pocos sitios que hay libres, además el precio de su alquiler ha bajado.
—Creo que no me quedará más remedio que aceptar, pero en cuanto reciba mi primer sueldo te pagaré el alquiler del apartamento. —acepta ella algo avergonzada.
—A mi no tienes que pagarme nada. La persona que me entregó el dinero solo desea ayudarte. —sonríe él con cierta timidez.
Marilyn sonríe pues cree saber quien pidió a Clark que la llevara hasta allá. Luego la artista se acerca a la terraza y observa las maravillosas vistas, desde allí se puede ver la ciudad entera. La terraza es preciosa.
Amanece y cuando apenas han transcurrido unas horas de la mañana Lex Luthor, que última los detalles de su boda toma el periódico que uno de sus empleados le ha traído. Cuando lo abre y ve la noticia de la tercera página su rostro se contrae de rabia.
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