CAPÍTULO 7

El eterno y acérrimo enemigo de Superman no puede creer que el extraterrestre aún siga con vida. Ya ha intentado eliminarlo de la faz de la tierra en varias ocasiones sin éxito alguno incluso cuando aquellos malvados criminales de Krypton llegaron a la Tierra cuando la zona fantasma se resquebrajó debido a una explosión nuclear en el espacio. Ni siquiera entonces y a pesar de su alianza con el general Zod, Ursa y Non, pudo acabar con el hombre de Krypton. Y eso pese a que cuando esos tres poderosos y malvados kryptoniamos luchaban todos juntos contra Kal-El estuvieron a punto de derrotarle. De hecho eso creyeron lograr cuando tras un largo enfrentamiento en las calles de Metrópolis, todo el mundo pensó Superman había huido abandonando a la gente a su suerte. Ellos, que le odiaban por ser hijo del hombre que los confinó en la zona fantasma, deseaban acabar con él y lo siguieron hasta el refugio del héroe; la fortaleza de la soledad.

Una vez allí, el hijo de Jor-El logró engañar a los delincuentes dejándoles sin poderes. El extraterrestre los metió en lugar seguro y luego se encargó de Luthor llevándole de vuelta a la prisión de la que se había fugado días antes.

Desde entonces ha intentando eliminar al hijo de Krypton, aunque no solo él, sino otros tantos enemigos que el súper héroe se ha ganado desde su aparición en el planeta Tierra y su lucha contra el crimen. El millonario es, sin duda, uno de sus rivales más insistentes cuando de arrebatar la vida al muchacho se trata.

Ver a su enemigo, sano y salvo, en la fotografía de un periódico de la mano de una hermosa y voluptuosa mujer rubia le enerva, eso ha arruinado el día de su boda y no va a permitir que su enemigo siga fustrando sus planes.

En el apartamento de Lois, Marilyn se levanta, se da una ducha y se viste con el vestido negro con el que escapó de su agresora, no tiene otra cosa, no ha tenido tiempo de comprar ropa, tampoco tiene dinero.

La rubia observa las vistas desde la terraza mientras degusta una taza de café caliente.

Por fortuna en aquel lugar había una pequeña cafetera que aún funcionaba, supone que en esa época es considerada una reliquia. Aquel lugar es un sitio hermoso, antaño habitado por una bonita mujer que partió demasiado pronto al otro mundo por culpa del maldito cáncer.

Es evidente que ese reportero, el que la ha traído hasta allí, Clark Kent, sentía algo por esa mujer, es posible que aún lo sienta. Quién sabe si ambos eran más que amigos y no pudieron disfrutar de su amor durante demasiado tiempo debido a la pronta partida de ella. Quizá era él, solo él, el que sentía algo por la chica que no era correspondido. Sea cual sea la historia es algo muy triste porque esa chica ya no está, se marchó demasiado pronto.

Ahora será ella quien ocupe aquel hermoso lugar, al menos hasta que sepa como llegar a casa.

Aún le resulta difícil de creer que se halle en la década de los ochenta, eso no puede ser. Todavía se encuentran en los cincuenta allá de donde ella viene.

Si aquello se trata de una broma sería algo a gran escala, en la que estaría implicada no solo la ciudad, sino el país entero. Además ese hermoso hombre que la salvó de morir atropellada no parece ser una persona mentirosa, todo lo contrario, sus bellos e intensos ojos azules se ven sinceros y transparentes. Al menos es la sensación que a ella le da.

En el mundo en el que ella vivía hace nada, sus empleados se preguntan donde estará pues lleva horas desaparecida.

—A saber donde se ha metido. Seguro que ha heredado la locura de su madre. —dice uno de empleados a la que es evidente que la actriz no le simpatiza.

—Me parece muy feo que hables así de la persona que te ha dado trabajo y te paga un sueldo. Eres una persona muy desagradecida. La señorita Monroe es una mujer muy dulce y cálida es una buena persona. Pero también es muy sensible y no es todo lo feliz que se merece. No lleva una existencia feliz, de nada le sirve ser hermosa, rica y famosa si no tiene con quien compartir todo eso. —responde otra de las personas que trabajan para la actriz.

En la época de Superman, la rubia mira la tarjeta que Clark Kent le entregó anoche anterior.

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La noche anterior...

—Señorita debo dejarla, supongo que querrá terminar de instalarse y descansar pues mañana le espera un día duro.

El reportero se echa la mano al bolsillo interno de la chaqueta de su traje y saca algo de él.

—Cualquier cosa que necesite, aquí tiene mi número de teléfono —dice el hijo del matrimonio Kent entregándole una tarjeta con sus datos de contacto.

Ella toma la tarjeta y le sonríe.

—Muchas gracias, eres muy amable.

—Bueno, tengo que dejarla señorita. —se despide el periodista alejándose de la actriz, encaminándose hacia la puerta del apartamento, abriéndola, atravesándola cerrando la puerta tras de si cuando ha salido del antiguo hogar de la fallecida periodista.

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En ese momento alguien aparece en la terraza del nuevo hogar de la señorita Baker.

—Buenos días, señorita. Perdone que venga a visitarla sin avisar, quería saber como ha pasado su primera noche en la ciudad, ¿está usted bien? —pregunta el superhombre.

La sensualidad manifiesta de la rubia con un vestido negro que se pega a su figura y sin maquillaje no pasa desapercibida para el hijo de Krypton que trata de no fijarse en su cuerpo y su belleza, aunque es algo bastante complicado ya que está ante una mujer hermosa y deseable. Él no es un hombre corriente en la mayoría de los aspectos, sin embargo en otros es un terráqueo mortal más, con los mismos deseos y sentimientos de sus semejantes.

La actriz también se siente algo cohibida por la presencia del krytoniano en su casa, algo no demasiado habitual en ella, pero es que ese hombre la impresiona y la impone al mismo tiempo. En verdad la fascina y al parecer a la antigua inquilina de aquel lugar también. Por lo visto estaba enamorada de Superman.

—Eres muy amable por preocuparte por mi. Gracias. Dormí muy bien, hacía tiempo que no descansaba como esta noche. —sonríe ella.

Kal-El se acerca a la artista. Ambos se miran en silencio a los ojos por unos instantes. La atracción física entre ambos surgió desde el primer momento en que se conocieron, pero aunque tratan de eludirla lo cierto es que cuando están cerca no pueden evitar acercarse y mirarse como si fuera la última cosa que van a hacer en el mundo.

—Cualquier cosa que necesite dígale a Clark Kent. —dice él sin dejar de mirarla para luego acariciar su rostro con ternura con una de sus grandes manos. —Siempre estaré pendiente de usted, señorita. Ahora debo irme, tengo cosas que hacer. Cuídese. —le recomienda él alejándose unos centímetros de ella, alzando el vuelo instantes después.

Norma Jean le sigue con la mirada y cuando le ha perdido de vista abandona la terraza mientras se lleva una mano a la cara que que el hombre le acarició sonriendo embobada. La joven mujer se acerca al aparato de televisión del apartamento y lo mira extrañada, luego toma un pequeño aparato que hay junto al electrodoméstico y presiona un botón. El televisor se enciende enseguida asustando a la joven artista por unos segundos. La mujer toma el mando a distancia entre sus manos y lo observa, no tarda en darse cuenta que es un mando a distancia, pero muy distinto a los que ella conoce.

En su época están empezaron a aparecer hace apenas unos años y el primer mando a distancia sin cables ya salió en mil novecientos cincuenta y cinco, llamado Flashmatic que funcionaba con cuatro sensores lumínicos colocados en cada esquina del televisor, cada uno con una función asociada, subir y bajar el volumen, girar el dial hacia un lado y otro. Este mando dirigía la luz hacia esos sensores poniendo en marcha la función, aunque al ser un sistema fotosensible el televisor podía volverse loco si le dan otro tipo de luz.
La actriz aprieta botones con cuidado pues no sabe lo que puede pasar y los canales se van intercambiando, hasta que ve algo que la hace sonreír y deja de apretar botones. Ahí está él, ese hombre tan guapo surcando el cielo como si fuera un Dios, rescatando un autobús escolar que ha quedado colgando de un precipicio tras un accidente.

La cantante mira ensimismada al hijo de Krypton alejando al autobús del peligro con su inusitada fuerza y recibiendo el calor y cariño de los niños que tanto le quieren y admiran.

En ese momento alguien llama a la puerta y cuando la chica abre encuentra al tímido reportero en la puerta.

—Buenos días, señorita. Vengo a acompañarla a su primer día de trabajo. —responde el periodista con su típica postura corporal encorvada.

—Pasa. —propone la rubia. —Aún no he terminado de arreglarme. —se sincera ella dándole la espalda y dirigiéndose al cuarto de baño. —Estás en tu casa.

El amigo de la fallecida periodista pasa con su timidez característica.

—Con permiso. —responde él atravesando el umbral de la puerta.

Cuando ella no puede verle, el muchacho endereza su postura y la mira sonriendo con ternura, como solo Superman lo hace y como hizo en su momento con Lois.

Lejos, muy lejos de allí, en el espacio, una criminal del mismo planeta del héroe, muy peligrosa que logró escapar a otro planeta antes de ser juzgada y condenada en el mismo juicio en el que condenaron a la zona fantasma al general Zod, Ursa y Non, llega a la Tierra dispuesta a lograr lo que no consiguió en el exinto Krypton; gobernar con mano de hierro aquel lugar.






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