Es un día triste para la ciudad de Metrópolis, los compañeros de la periodista Lois Lane se preparan para asistir al sepelio de la intrépida reportera del periódico más famoso de la ciudad; el Daily Planet.
Esa fría mañana del tres de Diciembre del año mil novecientos ochenta y tres, deben despedirse para siempre de una mujer independiente que a lo largo de su vida como periodista se metió en más de un peligroso embrollo debido su afán por buscar la mejor noticia.
Todo cambió una noche en que su vida estuvo en peligro, una vez más, mientras se dirigía a realizar una entrevista a un alto cargo del gobierno estadounidense. El helicóptero en el que viajaba sufrió un aparatoso accidente y terminó colgando de lo alto de un edificio con ella sosteniéndose tan solo de su cinturón de seguridad.
La gente presenciaba como una de las periodistas más famosas del país protagonizaba tan dramática escena. Aquello no iba a acabar demasiado bien para ella pues pese a agarrarse con todas sus fuerzas y ambas manos al cinturón de seguridad del aparato, finalmente no pudo más y cayó al vacío. La gente gritaba aterrada pero no apartaba la mirada de lo que intuían que iba a suceder como si aquello fuera algo con lo que entretenerse. Y justo cuando llevaba unos minutos cayendo al vacío precipitándose hacia su inevitable y horrendo final alguien apareció para evitar la tragedia que se avecinaba.
Él, Kal-El, aquel bebé procedente del planeta Krypton, que sus padres decidieron enviar a la tierra evitando su muerte poco antes que el planeta hiciese explosión como el padre de Kal-El, Jor-el había vaticinado. Una tragedia que podría haberse evitado si sus dirigentes hubiesen hecho caso de las advertencias del científico.
Kal-El apareció surcando el cielo de manera inesperada provocando la sorpresa de la gente que, minutos antes, veía a Lois Lane despeñarse desde lo alto de un edificio. Cuando la sujetó en el aire, el gentío no se lo podía creer, y la periodista que no entendía nada, solo podía sujetarse a aquel sorprendente hombre al que posteriormente pondría el sobrenombre de Superman. Las personas que se agolpaban allí presenciando todo aquello gritaban y aplaudían emocionadas.
El héroe la sujetó con una mano y con la otra el helicóptero que cayó poco después de que salvara a la reportera de una muerte segura. Casi desde ese instante ella se enamoró de él, amor que era más que correspondido. La joven sentía fascinación por el súper héroe sin sospechar que lo tenía mucho más cerca de lo que suponía. Y un día, por pura casualidad, descubrió la identidad bajo la cual se escondía el hombre que amaba.
Apenas disfrutaron de unas pocas horas de felicidad juntos en las que él incluso se volvió mortal como ella para poder estar juntos. Aquel romance no les duró mucho ya Kal-El tuvo que volver a ser Superman. Tenía que salvar a la Tierra de unos malvados habitantes de Krypton, como él, que llegaron al planeta azul para sembrar el caos y la destrucción. Finalmente logró derrotarlos despojándoles de todos sus poderes, convirtiéndolos así en aquello de lo que tanto se burlaban antes; simples mortales.
La mañana siguiente con un beso, la identidad secreta del chico de Krypton borró la memoria de la periodista, no toda, tan solo la parte en la que ella descubrió detrás de quien se esconde Superman y su breve idilio sentimental. Era la mejor manera de protegerla.
Cada vez que la periodista descubría la verdad por su propia cuenta o porque él se delataba ante ella, el súper héroe la volvía a besar y de esa forma hacerla olvidar todo de nuevo.
Muchas fueron las veces en las que tuvo que rescatarla, pues sus ansias de lograr una buena noticia, la metieron en numerosos problemas a lo largo de los años.
Sin embargo, en esta ocasión, nada ha podido hacer para salvar la vida de Lois Lane ya que no fue exponerse ante un peligro con el objetivo de obtener un gran artículo periodístico lo que la mató. Lo que le arrebató la vida a fue una enfermedad, un cáncer uterino, que cuando dio la cara ya era demasiado tarde para hacer algo por ella. Estaba muy avanzado.
Ni siquiera el hijo de Jor-El, con todos sus poderes, pudo evitar que tan terrible enfermedad se llevara para siempre la vida de la mujer a la que un día tanto amó y por la que incluso llegó a renunciar a sus poderes por unas pocas horas.
El pequeño cortejo fúnebre, con la familia de la periodista a la cabeza, avanza tras el coche que porta el cuerpo de Lois en dirección al lugar exacto en el que su cuerpo será enterrado por siempre.
Cuando el coche se detiene en el punto justo, el ataúd de la joven reportera es trasladado a hombros por su padre, sus compañeros del Daily Planet y Clark Kent hasta el lugar preciso en el que su cadáver descenderá al interior de la tierra permaneciendo allí eternamente. Su compañero está destrozado como el resto de sus compañeros aunque trata de mantener la compostura.
El pastor comienza la liturgia y cuando la ceremonia finaliza, todos los presentes arrojan una rosa blanca sobre el ataúd de Lois Lane.
Clark Kent, en cambio, arroja una rosa roja después de besarla.
El ataúd comienza a descender hacia el interior de tierra y el religioso que ha oficiado el último adiós a la intrépida reportera da su pésame a la familia y amigos de la fallecida.
Poco después todos comienzan a abandonar el camposanto.
La mañana siguiente, su compañero Clark Kent, escribe un artículo en homenaje a su compañera de trabajo y amor imposible. Terminado el artículo, llama al despacho de Perry White.
—Aquí está mi artículo señor White. —dice el hijo de John y Marta Kent.
—Gracias Kent. Enseguida lo leo. —responde el jefe del periódico con semblante compungido.
En el periódico, todos apreciaban a Lois Lane, aunque sin duda son Clark y Perry los que más la estimaban.
El redactor jefe del periódico se percata de la presencia del reportero y le mira mientras revisa unos artículos.
—¿Qué quieres Kent?
El tímido reportero se coloca bien las gafas y con su típica y ligera postura corporal algo encorvada se decide a hablar con su jefe.
—Verá, señor White, me preguntaba si es posible que me de unos días libres para ir a Smallville. Quiero ir a visitar la tumba de mis padres. —se decide por fin a hablar el apocado joven mirando al otro periodista por encima de sus grandes gafas de pasta negra.
—Está bien, Kent. Como desees. Tómate unos días. —responde el redactor jefe sin mirarle
—¡Oh vaya! Gracias se... señor White. —se sorprende el muchacho volviendo a subirse las gafas con la punta de su dedo índice y aflojando un poco su corbata. —Yo pensaba que...que.
—¿Qué pensabas Kent? ¿Qué te iba a decir que no? —le mira el veterano periodista en esta ocasión. —No soy un ogro como algunas personas creen. A mi también me gustaría alejarme unos días, pero la vida sigue y tengo un periódico que sacar adelante. Ve, visita a tus padres, cuando vuelvas tendrás mucho trabajo pendiente. Ahora vete, tengo mucho trabajo por delante hoy.
—Gra... gracias señor White. —responde el más joven de los dos hombres dirigiéndose hacia la puerta.
Su chaqueta se engancha con la manivela de la puerta rasgándola un poco.
—¡Qué faena! —dice el periodista en voz baja.
El reportero cierra la puerta, retrocede unos pasos para desengancharse y cuando lo logra se dispone a salir por ella de nuevo, no recuerda que la ha cerrado y su cara choca contra la puerta. Un gesto de dolor aparece en su rostro especialmente en la nariz.
—¡Por Dios Kent! ¿Estás bien? —responde Perry White levantándose y dirigiéndose hacia él. —Llevas algunos años trabajando aquí. Ya deberías saber donde están las puertas.
El hombre pide un poco de hielo para el periodista y se coloca sobre la nariz.
—Vaya a ver a un médico antes de marcharse a Smallville, Kent. —le aconseja su jefe mientras vuelve al trabajo.
—Estoy bien señor White no se preocupe. —le asegura el chico alejándose.
Cuando Clark sale por completo del edificio del Daily Planet, se deshace de la bolsa de hielo, pues su nariz ya se encuentra en perfecto estado. Al pasar frente a un puesto de periódicos algo llama su atención. Se aproxima acerca a aquello que ha captado su interés, lo toma entre sus manos y entrega unas monedas al hombre que regenta el kiosco. Camina mientras observa una foto acompañada de un artículo en él y lee su titular.
"Marilyn Monroe era una mujer fría y manipuladora"
A medida que lee el artículo, el periodista niega con la cabeza.
«Seguro que todo es mentira. Estos periodistas de tabloides son una vergüenza para el resto de nosotros» piensa mientras observa una foto de la actriz.
El hombre no puede evitar acariciar el hermoso rostro de aquella foto en la que, aunque Marilyn sonríe, sus ojos parecen ocultar una gran y profunda tristeza. Una ligera sonrisa algo ladeada aparece en las facciones de Clark Kent.
El reportero dobla el periódico sobre si mismo, lo coloca debajo de su axila y se aleja del lugar ataviado con su destrozada chaqueta del traje, que ya encontrará donde reparar, su maletín y su sombrero.
Minutos después, a unos metros de allí, unos delincuentes retienen a unos rehénes a los que amenazan con hacer daño si no acceden a sus exigencias. La policía tiene acordonada la zona, ni siquiera el negociador ha podido lograr nada con ellos.
Superman aparece allí y después de informarse de lo sucedido decide entrar el banco. Los secuestrados se alegran de verle, pero los delincuentes lo apuntan con sus armas y disparan. Las balas no hacen nada en él y rebotan en el pecho de Superman. El hijo de Jor-El derrite las armas con los rayos láser que desprenden sus ojos y luego se dirige a ellos a gran velocidad amarrándolos con unas cadenas para que la policía vaya a recogerlos. Libera a los rehénes y se marcha.
En una azotea, una joven que huía de su violento exnovio, cuelga de la cornisa. Su ex pareja ante su negativa de volver con él la empujó al vacío con intención de matarla y aunque la policía ya le he atrapado, la chica sigue colgando de la cornisa.
Veloz como un rayo, Superman vuela hacia ella y la sujeta justo en el momento en que a la muchacha le estaban abandonando las fuerzas. El héroe llega con la muchacha al suelo, ella agradecida le abraza, y se marcha.
El súper héroe se gira para marcharse cuando repara en lo mismo en lo que Clark Kent se fijó minutos antes.
Superman se acerca al kiosco y lee el titular del tabloide.
"Marilyn Monroe era una mujer fría y manipuladora"
Un supuesto amigo de la actriz asegura todo eso, claro está, muchos años después del fallecimiento de la actriz y sin que ella pueda defenderse.
Kal-El mira molesto la noticia, intuye que es falso lo que allí se dice. Además la belleza y los ojos de esa mujer le impresionan y conmueven. Acaricia los labios de la foto de la rubia y sonríe.
«Hermosa» piensa el kriptoniano.
Aprovechando que el dueño del kiosco ha abandonado el puesto un segundo para ir al aseo, quema todos los periódicos que hablan mal sobre ella con el calor de sus ojos y se va. Cuando el dueño del kiosco llega encuentra todos los periódicos que cuentan mentiras hechos cenizas y un gran cantidad de dinero en el mostrador. Aunque son embustes lo que en esas publicaciones se dice, el salvador no quiere que ese pobre trabajador pierda dinero. Él no tiene la culpa de la maldad y poca moral de otros reporteros.
O sea Superman, es quién va a rescatar a Marilyn de su depresión. Está interesante. No sé si sabías que murió Margot Kidder, la actríz que interpretó a Lois Lane en las películas de Superman con Christopher Reeve... me vino a la mente esa noticia mientras leía tu historia. El amarillismo le está dando una mala imagen a Marilyn y Clark como buen reportero, busca que recupere su mismo nombre. Esta buena tu historia, felicitaciones. Tienes mucha imaginación para colocar dos historias diferentes en una sola (una de ficción y otra de realidad).
ResponderEliminarMuchas gracias. Es que me gusta mucho Reeve en su rol de Superman, para mi fue el mejor, y me encanta Marilyn. Creo que era inevitable que los acabara uniendo en una historia.
EliminarNo sé si tengas Facebook, porque Acka tiene una cuenta de Facebook.
ResponderEliminarTenía Facebook hace años. Hace mucho tiempo que ya no.
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