CAPÍTULO 12


La rubia le dedica una sonrisa dulce aunque está tan débil por la herida que incluso le cuesta hablar.

—Clark. ¿Tú aquí? —dice ella tratando de incorporarse en la cama.

—No se mueva por favor. —dice el periodista tratando de impedirlo acercándose a la cama de la actriz.

En ese momento y sin querer al hijo de los Kent se le caen las gafas sobre la cama de Marilyn. Ella le mira en ese momento a pesar que el joven trata de agachar la cabeza para que la joven no pueda darse cuenta de la verdad como en su momento hizo Lois Lane. La artista le devuelve las gafas sin que al parecer se haya percatado de nada y el hombre de ojos azules y cabello negro suspira con alivio. No puede permitirse ser descubierto de nuevo. La primera vez que eso sucedió tuvo sus consecuencias, tal vez, en el fondo quiso hacerlo sin darse cuenta para no sentirse tan sólo. En aquella ocasión renunció a su esencia, a lo que él era por amor, por poder compartir una vida con la mujer que amaba en silencio desde el primer día que la vió. Su renuncia trajo consecuencias para muchas personas, y se dio cuenta que no podía renunciar a quien era sin poner algunas cosas en riesgo y volvió a ser él. Tendría que aceptar esa parte de su existencia, seguir llevando esa doble existencia. No le quedaba más remedio que hacerlo y aceptar que su vida sería siempre así.

—¿Cómo se encuentra esta mañana, señorita? —pregunta el hombre de las gafas de pasta negra.

—Aturdida, dolorida y débil. —¿Qué fue lo que ocurrió? —pregunta la mujer de los años cincuenta.

—Eso ahora no es importante. Lo imposible es que se cuide para que salga pronto de este lugar. Eso ya se lo contaré.

Marilyn le sonríe.

—Gracias. Siempre tan pendiente de mi. Tú y él sois como mis ángeles protectores. —vuelve a sonreír ella.

Clark le devuelve una tímida sonrisa mostrando una postura corporal algo encorvada, como si quisiera parecer menos alto y corpulento de lo que en verdad es.

—Tengo que irme, Norma. Debo escribir un artículo sobre lo sucedido ayer. Aún no he tenido tiempo. Estaré pendiente de usted. —dice el reportero marchándose instantes después.

—¿Lo sucedido ayer? —se pregunta la artista en voz baja mientras ve alejarse a su compañero de trabajo.

En el Daily Planet, Perry White, sigue dirigiendo el periódico como siempre ha hecho, de manera firme y estricta. Es un buen hombre, pero tiene carácter y  parece una persona un tanto nerviosa. Sin embargo, está preocupado de verdad por su nueva secretaria y piensa ir a verla en cuanto le sea posible. Cuando la malvada habitante de Krypton comenzó a hacer de las suyas en la Tierra, White, como la mayor parte de la gente, creyó que la actriz y la extraterrestre eran la misma persona. Físicamente eran exactas a diferencia del color de cabello que bien podría ser una peluca para pasar desapercibida. Además llegaron a la ciudad al mismo tiempo. Todo apuntaba que eran la misma persona pese a que tanto Clark Kent, como Superman la defendieron. Por fortuna, al final se pudo descubrir que las apariencias engañan.

En el hospital en el que está ingresada Marilyn, la rubia se aburre, además los efectos de la medicación la tienen bastante débil y atontada. Todavía no sabe que es lo que ha pasado, ni porque se halla en la habitación de un centro de salud. No recuerda mucho del día anterior.

Algo entra en la estancia en ese momento a toda velocidad, y  la chica de ojos azules no tarda en descubrir allí a Superman que la mira.

—¡Tú! —exclama ella mientras su rostro se ilumina.

—¿Cómo se encuentra, señorita?

La rubia le mira en silencio. Ese hombre la impacta desde el primer instante en que le vio. Es el hombre más hermoso que ha visto jamás. Solo puede mirarle, contemplar esos ojos tan increíblemente azules. Se siente como una niña pequeña o incluso una adolescente cuando le tiene delante. Es algo que no puede evitar aunque siempre termine reprochándoselo a ella misma.

Marilyn no es de las que sonroja delante de un hombre, precisamente, pero el ser que tiene ante ella es francamente impresionante e impactante. No es posible escapar, ni ignorar el aura que el hijo de JoR-El desprende en cada sitio en el que está.

—¿Eh? Sí...Debo verme muy fea así, tirada en la cama, desarreglada...No es propio en mi. Si tuviera un poco de maquillaje y fuerzas para maquillarme o alguien que lo hiciera... —se lamenta la rubia.

Superman la sonríe y la cara con dulzura.

—Está igual de bonita que siempre, señorita. El maquillaje solo resalta lo que ya existe. —le dice el súper héroe con ternura tomando una mano de la rubia con una de sus grandes manos.

Ella mira la mano de Kal-El unos instantes y se sorprende por su tamaño, sobre todo comparada con la suya.

Luego Superman la besa con dulzura en una de sus mejillas mientras Marilyn se muere de vergüenza.

—No se preocupe. Haré todo lo posible para atrapar a la responsable de esto. —dice el hombre de Krypton mirando la herida de la chica con su visión de Rayos X.

—¿De verdad? —pregunta ella.

—Nunca miento. —responde Superman con sinceridad.

Aquellas dos simples, pero significativas palabras, son las mismas que le dijo a la fallecida Lois, cuando hace ya, algunos años, Superman llegó a la Tierra y decidió conceder su primera y al parecer única entrevista a un periodista, una periodista en el mundo. Que se sepa, nadie más le volvió a entrevistar, al menos de la manera en que ella lo hizo.

Cuando minutos después un médico entra en la habitación para revisar a la actriz y encuentra en ella al súper héroe se sorprende.

—¡Su...Superman! —exclama el individuo, que además es admirador del hombre de Krypton.

El chico de ojos azules y capa roja le estrecha la mano al médico y se interesa por el estado de la rubia.

—¿Cómo se encuentra la señorita?

—Fue una operación muy delicada. Esperemos que poco a poco se vaya recuperando. Su evolución es favorable de momento aunque supongo que estará algo confusa y atontada por la medicación, además de débil y dolorida, pero esto es así. —le explica el profesional de la medicina al habitante más querido de la Tierra. —Debe tener paciencia, señorita. —se dirige en esta ocasión a la rubia que asiente resignada con la cabeza.

A través de la puerta abierta de la habitación, la gente que se encuentra en hospital por diversos motivos descubren que Superman se encuentra allí y comienzan a murmurar, algunas personas a emocionarse por ver al chico allí.

El hombre de ojos azules, que tenía previsto marcharse de la habitación de la misma forma discreta en la que llegó, cambia de opinión optando por hacerlo saliendo por la tarde puerta de la habitación. Ahora ya no puede esconderse y fingir que no está allí.

—Estaré pendiente de usted por si necesita algo. Lo que sea dígaselo a Clark y él me dará el mensaje.—la sonríe.
Superman abandona la habitación después de despedirse del médico.

Después atraviesa varios pasillos de hospital saludando con la mano a las personas que le saludan a su vez o tratan de llamar su atención.

Al llegar a la puerta del hospital, el hombre se despide de la gente saludando con la mano y emprende el vuelo.

La prometida de Lex Luthor, que intuye que él podría engañarla con esa mujer venida de otra galaxia por la que siente tanta admiración desde que supo de su existencia, hace sus propios planes para "castigar" a Luthor por lo que pueda pasar. Aunque solo fuera una unión profesional, no va a consentir que esa mujer le quite el puesto, nada en realidad.

Su pareja, entre tanto, cada vez parece más decidido a conocer a Mara y ha contratado a gente para saber su paradero.

En el Daily Planet Clark está escribiendo la crónica de lo sucedido en el banco el día anterior cuando alguien hace su aparición allí. Los trabajadores del lugar se sorprenden al verla. Con paso decidido y el ego inflado, la persona que ha ido de visita al periódico exige hablar con el mejor periodista del lugar.

—¿Y para qué quiere usted hablar con Clark Kent? —response Jimmy Olsen.

—¿Clark Kent? —repite la persona.  —Bueno, él mismo, sí. Vengo a darle la mejor exclusiva del planeta y la mejor historia del mundo del periodismo.

—¿Y cual es es esa exclusiva? —pregunta Perry White que acaba de salir de su despacho y ha escuchado cada palabra.

—Yo. —responde la persona que ha acudido al diario.

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